Esta semana en el programa "Ven, Sígueme" llegamos al final de los cuatro evangelios: Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24 y Juan 20-21. Esta semana nos centramos en tres testigos especiales del Señor resucitado: María Magdalena, Tomás y Pedro. Y hablamos de lo que cada experiencia nos puede enseñar. Notas: "Vi a [José Smith] en el cielo. Vino y me habló. Dijo que no podía parar a hablar porque tenía prisa. El siguiente hombre que conocí fue [José Smith, papa] pero No me habló porque él también tenía prisa. Conocí [otros] hermanos ... y ninguno de ellos podía detenerse a hablar porque tenían prisa. Estaba muy asombrado. ... Vi al Profeta de nuevo, y tuve el privilegio de hacerle una pregunta. "Ahora", le dije, "quiero saber por qué tienen tanta prisa? "He tenido mucha prisa toda mi vida, pero esperaba que mi apuro terminaría cuando entrara en el Reino de los cielos, si es que algún día lo logro". José dijo: “Le diré, hermano Woodruff, que cada dispensación que ha tenido el sacerdocio en la tierra ... ha tenido una cierta cantidad de obra por hacer ... Cada dispensación ha tenido tiempo suficiente para lograr dicha obra. Nosotros no. Somos la última dispensación y hay mucha obra y tenemos que tener prisa para lograrlo.” (Wilford Woodruff, Discourse delivered at Weber Stake Conference, Ogden, 19 October 1896; as published in Deseret News Weekly, vol. 53, no. 21.) "Pedro dijo por tercera vez: “Señor… tú sabes que te amo. A lo que Jesús respondió (y aquí vuelvo a reconocer mi elaboración no basada en las Escrituras), diciendo quizás algo como esto: “Entonces Pedro, ¿por qué estás aquí? ¿Por qué estamos otra vez en esta misma playa, cerca de estas mismas redes, teniendo la misma conversación? ¿No fue obvio en aquel entonces y no es obvio ahora que si quiero pescar, puedo conseguir peces? Lo que necesito, Pedro, son discípulos; y los necesito para siempre. Necesito que alguien alimente mis ovejas y salve mis corderos. Necesito que alguien predique Mi evangelio y defienda mi fe. Necesito a alguien que me ame, que verdaderamente me ame, y que ame lo que nuestro Padre Celestial me ha comisionado hacer. El nuestro no es un mensaje débil; no es una tarea fugaz; no es desafortunada; no es sin esperanza; no ha de quedar olvidada en las cenizas de la historia; es la obra del Dios Todopoderoso, y ha de cambiar al mundo. De modo que, Pedro, por segunda, y supuestamente la última vez, te pido que dejes todo esto y vayas a enseñar y testificar, a trabajar y servir fielmente hasta el día en que hagan contigo exactamente lo que hicieron conmigo.... Mis queridos hermanos y hermanas, no sé exactamente cuál será nuestra experiencia el día del juicio, pero me sorprenderá mucho si en algún momento de la conversación Dios no nos pregunta exactamente lo mismo que Cristo le preguntó a Pedro: ‘¿Me amaste?’” (Jeffrey R. Holland, "El primer y grande mandamiento", Conferencia General Octubre 2012)
¡Ha Resucitado!
Mateo 28, Marcos 16, Lucas 24, Juan 20–21
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