Ven, Sígueme: Jesucristo Vendrá Para Redimir A Su Pueblo (Alma 8-12)
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Ven, Sígueme: Jesucristo Vendr Para Redimir A Su Pueblo (Alma 8-12) Esta semana estudiamos Alma 8-12. En este episodio, que se embarca en esos capítulos, analizamos el ejemplo de Alma sobre cómo ayudar a quienes se han alejado de la iglesia, ya sea un amigo, un familiar o alguien de su organización, quórom o clase. Hablamos de la escritura más aterradora 😜, y terminamos el episodio contestando la pregunta: ¿Dios tiene favoritos? Notas del Episodio: Elder Dieter F. Uchtdorf: "A pesar de ser tan doloroso para nuestro Padre Celestial, Él no obligará a nadie a elegir el camino de la rectitud. Dios no obligó a Sus propios hijos a seguirlo en el mundo premortal. ¿Cuánto menos nos obligará ahora en nuestro paso por esta vida mortal? Dios invita y persuade. Dios tiende incansablemente una mano con amor, inspiración y ánimo, pero nunca obliga a nadie, ya que esto menoscabaría Su gran plan para nuestro progreso eterno." https://www.churchofjesuschrist.org/study/general-conference/2016/10/fourth-floor-last-door?lang=spa Elder David A. Bednar: "A diferencia de temor del mundo, que crea alarma y ansiedad, el temor del Señor es una fuente de paz, seguridad y confianza. Pero, ¿cómo puede algo relacionado con el temor ser edificante o espiritualmente útil? El justo temor que intento describir abarca un profundo sentimiento de reverencia, respeto y asombro por el Señor Jesucristo, la obediencia a Sus mandamientos, y la expectativa de que el Juicio Final y la justicia están en Su mano. Por lo tanto, el temor del Señor surge de una correcta comprensión de la naturaleza divina y la misión de Jesucristo, la disposición de someter nuestra voluntad a Su voluntad y el conocimiento de que todo hombre y mujer tendrán que rendir cuentas de sus propios pecados en el Día del Juicio.... El temor del Señor es amarlo y confiar en Él. A medida que tememos a Dios más plenamente, lo amamos más perfectamente; y el amor perfecto desecha todo temor. Les prometo que la brillante luz del temor del Señor ahuyentará las oscuras tinieblas de los temores terrenales a medida que acudamos al Salvador, edifiquemos sobre Él como nuestro fundamento y sigamos adelante en Su senda de convenios con un compromiso consagrado." https://www.churchofjesuschrist.org/study/general-conference/2015/04/therefore-they-hushed-their-fears?lang=spa Elder J. Devan Cornish: “Permítanme ser directo y claro. Las respuestas a las preguntas “¿Soy lo suficientemente bueno?” y “¿Lo lograré?” son: “¡Sí!, van a ser los suficientemente buenos” y “Sí, lo lograrán siempre y cuando sigan arrepintiéndose y no se justifiquen ni se rebelen”. El Dios del cielo no es un árbitro desalmado que busca cualquier excusa para expulsarnos del partido; Él es nuestro Padre perfectamente amoroso, quien desea más que nada que todos Sus hijos vuelvan a casa y vivan con Él en familia para siempre. ¡En verdad dio a Su Hijo Unigénito, para que no nos perdamos, mas tengamos vida eterna!1. Por favor crean, y encuentren esperanza y consuelo, en esta verdad eterna. El propósito de nuestro Padre Celestial es que lo logremos. Esa es Su obra y Su gloria.” https://www.churchofjesuschrist.org/study/general-conference/2016/10/am-i-good-enough-will-i-make-it?lang=spa La Importancia de Prestamente Seguir al Espíritu: Una historia de la vida del Presidente Thomas S. Monson por el Élder Jeffrey R. Holland “Tom Monson, de veintitrés años, obis­po relativamente nuevo del Barrio Seis-Siete, de la Estaca Temple View en Salt Lake City, se encontraba inusita­damente inquieto a medida que progresaba la reunión de líderes del sacerdocio de la estaca. Tenía la clara impresión de que debía salir inmediatamente de la reunión y dirigirse al Hospital de Vetera­nos, ubicado en la parte alta de la ciu­dad. Antes de salir de su casa, había recibido una llamada telefónica avisán­dole que uno de los miembros ancianos de su barrio estaba enfermo y lo habían internado en aquel hospital. El que lla­maba le preguntó amablemente si le se­ría posible encontrar un momento libre para ir a darle una bendición al enfermo. El atareado obispo le explicó que en ese preciso instante tenía una reunión de es­taca, pero que tendría mucho gusto en pasar por el hospital tan pronto como la reunión concluyera. La impresión se hacía cada vez más fuerte: “Sal de la reunión y vete al hospi­tal inmediatamente”. Pero el que habla­ba en el púlpito era nada menos que el presidente de la estaca, y habría sido una descortesía levantarse en medio del discurso, abrirse paso entre los demás hermanos que estaban sentados en el banco y salir del edificio antes de que finalizara la reunión. Con creciente im­paciencia esperó a que el presidente ter­minara, y luego salió casi corriendo, sin esperar a la última oración. Mientras corría por el largo corredor del cuarto piso del hospital, el joven obispo notó que había mucho movimien­to en el cuarto al cual se dirigía. Una enfermera lo detuvo y le preguntó: “¿Es usted el obispo Monson?” Al oír la con­testación afirmativa, continuó: “Lo la­mento. El paciente murió repitiendo su nombre”. Tratando de contener las lágrimas, Thomas S. Monson se dio vuelta y se hundió en la oscuridad de la noche. Pero en aquel mismo momento se juró que ja­más volvería a desoír un llamado del Se­ñor, sino que al recibir las impresiones del Espíritu les prestaría atención y ha­ría lo que fuere que te indicaran, siempre fiel en la obra del Señor.” https://liahonasud.wordpress.com/liahona-octubre-noviembre-1986/5/